domingo, 7 de febrero de 2016

Las fresas no son solo frutas


Todos conocemos las fresas. Lo que algunos no sabrán es de dónde sale tan suculenta fruta, si es que es correcto llamar fruta a este apreciado postre.

La imagen siguiente muestra las hojas de un fresal (Fragaria vesca) fotografiado en el Jardín Botánico de Valencia. El fresal pertenece a una familia primitiva, las Rosáceas (Rosaceae) y su flor así lo demuestra. Las flores de esta familia poseen cinco pétalos, cinco sépalos y numerosos estambres. Otras plantas de interés humano como las rosas, los almendros, los ciruelos, los cerezos, los manzanos o los perales también pertenecen a esta familia.

En el centro de la imagen hay una flor de fresal, aunque esta ya no presenta la corola blanca, pues ha perdido sus cinco pétalos.  Su amarillento receptáculo central es una protuberancia con muchos ovarios, y el resto de piezas florales - pétalos, sépalos y estambres -  están separadas de este.

Fresal (Fragaria vesca). Detalle de las hojas redondeadas con limbo dentado y nerviación pinnada, así como de un receptáculo floral desprovisto ya de la corola pentámera



Tras la fecundación el cono floral central se engruesa y forma la fresa. Los ovarios se separan como consecuencia de esto, y forman unos frutitos diminutos tipo aquenio que serán cada una de las pepitas crujientes de la fresa. No se puede decir, pues, que la fresa es un fruto; antes bien, es un sugerente escaparate para los mismos, un receptáculo floral entregado con roja pasión a su cometido, que es la dispersión de los frutos por parte de la fauna que ingiera estas dulces delicias. Una fresa es, pues, una estructura compleja en la que además de muchos frutos procedentes de muchos ovarios también participa otra parte de la flor: el receptáculo, que es abombado y se engruesa. Se propone el título de eterio o poliaquenio para estas estructuras. En otras rosáceas como las del género Rosa sp. se forman frutos diferentes, llamados cinorrodones, con el receptáculo hundido y cóncavo.


Conos centrales engrosados y aún verdes, precursores de las futuras fresas. Se aprecian en la imagen algunas flores aún completas, con los cinco pétalos blancos

Suculentas fresas ya formadas, que conservan al final del pedúnculo floral el cáliz, lo que ayuda a recordar la flor predecesora

Aunque cultivadas de forma intensiva en algunas regiones del sureste español, las fresas son plantas herbáceas nemorales presentes de forma silvestre en hayedos, pinares de pino silvestre y otros bosques españoles eurosiberianos.





lunes, 30 de marzo de 2015

Diplotaxis erucoides: introducción a la observación y determinación botánicas

Ya hablamos en la anterior publicación sobre la explosión de colores que la floración primaveral provoca en nuestros campos y solares urbanos desde el final del invierno. En esta ocasión nos referiremos al color blanco, tan presente cuando miramos hacia el solar que hay debajo de nuestra casa. La protagonista principal, aunque no la única responsable de este color, es la Diplotaxis erucoides, una pequeña plantita herbácea. Muy abundante y fácil de encontrar en cualquier ambiente antropizado, es una planta considerada común por cualquier guía botánica.


Diplotaxis erucoides
Ya en invierno, y durante el inicio de la primavera, los suelos empiezan a cubrirse de un manto blanco muy característico. Son las florecillas de esta especie perteneciente a la familia de las brasicáceas (Familia Brassicaceae), aún conocidas como Crucíferas (Familia Cruciferae). Es la disposición en cruz de su corola - de sus cuatro pétalos blancos - el rasgo más obvio para quien trata de determinar esta plantita. Vamos a dedicarle esta entrada a la Diplotaxis erucoides y lo haremos aproximándonos un poco más a sus características. Escudriñando en el cuerpo de la planta y sus órganos, aprenderemos a observarla con detalle, usando instrumental sencillo, y a manejar las claves dicotómicas de identificación. Estas últimas son fundamentales para quien se sienta atraído por la ciencia de la botánica y la determinación de las especies vegetales.

Esta actividad está dirigida a todo aquél que quiera iniciarse en  el estudio de las plantas comunes, sobre todo para quien ya tenga las nociones más básicas sobre botánica. Los materiales que vamos a proponer, así como el procedimiento, por tanto  son sencillos, caseros. Sin embargo, para toda aquella persona que ya posea un nivel más avanzado en el área, lo explicado aquí tal vez le resulte muy básico y conocido.

MATERIALES

- Cuentahilos y/o lupa
- Papel de periódico
- Bolsas de plástico (con cierre o sin él)
- Cutter
- Alfileres
- Bandeja de plástico
- Guía dicotómica para la determinación de especies vegetales

PROCEDIMIENTO

1. Recolección
Acude al solar más cercano con bolsas de plástico o una cesta para recolectar algunas plantas  de D. erucoides. Si bien es cierto que vamos a practicar la determinación, podemos partir de esta especie, ya que de antemano la conocemos y es muy fácil de encontrar. 

Recolecta algunos ejemplares de D. erucoides. Asegúrate de extraer la planta entera o lo más entera posible, con raíz y todo. A menudo es necesario observar la planta entera para identificarla. Limpia bien las raíces y guarda la planta dentro de la cesta o de la bolsa. Cuidado con las flores y con los órganos en general, no sea que resulten dañados y dificulten su análisis luego. 

Los ejemplares a recolectar deberían llevar flores, frutos y hojas para poder efectuar la determinación bien. En Diplotaxis erucoides podemos conseguir esto. No obstante, otras especies no poseen en cualquier época todas las estructuras que se necesitan observar para determinarlas - por ejemplo, las semillas -. Pero ahora eso no nos preocupa.

2. Mantenimiento
Ya en casa de vuelta, si no vas a empezar el estudio de inmediato, puedes almacenar temporalmente la planta en un bote o jarrita llena de agua para mantener la turgencia, o bien puedes refrigerarla en el frigorífico. En este caso, sé higiénico y procura apartar de los alimentos la bolsa con la planta, que irá bien cerrada. No existen problemas de toxicidad, pero recuerda que estás manipulando una planta que procede de un suelo urbano o agrícola. 

Empezamos a determinar la planta con ayuda del libro Claves Ilustradas para la Flora Valenciana, de Gonzalo Mateo Sanz y Manuel Benito Crespo Villalba. Si no se dispone del mismo, se puede al menos realizar las observaciones que se proponen a continuación.

3. Observación
Inicialmente vemos que la planta posee raíces, tallo, hojas y flores visibles en este momento del año. Estamos ante una angiosperma, es decir, un grupo amplio de plantas que poseen flores en algún momento de su ciclo vital. Además, es una planta autótrofa, fotosintetizadora, con tallo y hojas verdes.  hasta aquí es todo muy simple y básico. Hemos descartado algunos grandes grupos botánicos, como son los musgos, los helechos y las gimnospermas. 

A continuación vemos a simple vista, sin ayuda de lupa, que las flores individuales presentan un cáliz y una corola bien diferenciados. El primero, formado por los sépalos verdes, se diferencia bien del segundo -los pétalos blancos - . hay otras especies en cuyas flores no se aprecia apenas diferencia entre estas piezas.

La guía ya nos propone una família: Oxalidaceae. Uno de los rasgos para este grupo es la presencia de diez estambres. Si observas con lupa una flor de D. erucoides, verás que no se cumple este caracter, ni el resto de los descritos. 

Los pétalos de D. erucoides están libres, independientes, desde su base. No están fusionados formando una corola más o menos tubular. Es este otro rasgo de importancia.

La observación del ovario es crucial. En concreto debes comprobar si es un ovario súpero - está ubicado encima del receptáculo de la flor - o ínfero/semiínfero - está dentro del receptáculo, o al menos en parte -. Retira con los dedos, o con unas pinzas los pétalos y los sépalos, dejando la flor desnuda, solo con el receptáculo. Retira también los estambres. es un buen momento para contar cada una de las piezas florales y apuntar las cantidades en un cuaderno o un papel. Observarás con la lupa que el ovario de nuestra planta es súpero, pues está encima del receptáculo de la flor. 

El número de sépalos es cuatro. Puede que antes los hayas contado. Por tanto, no hay solo dos, y descartamos así la família de las papaveráceas (la de las amapolas), que sólo poseería un par de sépalos.

Como hay cuatro pétalos y seis estambres en la flor de D. erucoides, el número de  estambres es menor que el doble de los pétalos (el doble de cuatro es ocho), así que seguimos avanzando en la determinación gracias a los caracteres florales. Las piezas florales - los pétalos y los sépalos -  están en verticilos de múltiplos de cuatro, y alguno diferente, como en el caso de los estambres, que hay seis. 

Estamos ante una planta herbácea, no ante un arbusto leñoso ni trepador, en cuyo caso presentaría mayor tamaño y los tejidos endurecidos y posiblemente de colores más oscuros. Ahora hay que prestar atención a las hojas. Se observa que estas no tienen estípulas en su base. las estípulas son pequeños salientes o cuernecillos del limbo de la hoja que tienen valor taxonómico, es decir, para clasificar grupos de plantas. Además, vemos que las hojas no están muy engrosadas debido a la presencia de un tejido interno esponjoso rico en agua. Por eso, D. erucoides no es una planta crasa. Además, el fruto no es un polifolículo, con una sola sutura, sino con dos. Se descarta así la família de las Crasuláceas (Familia Crassulaceae). 

Finalmente, la condición por la que las flores tienen seis estambres y cuatro pétalos, además de un fruto tipo silicua, muy alargado y con dos suturas - dos líneas de apertura, una ventral por debajo, y otra dorsal por arriba - nos permite determinar la familia de la planta: Cruciferae

Espero que esta entrada te haya servido de guía para empezar a observar los detalles de la planta. Por ahora nos detendremos en el nivel de familia. En la próxima entrada entraremos dentro de la familia de las Crucíferas y rizaremos el rizo: ¡identificaremos la especie! 




viernes, 27 de marzo de 2015

Vida y color en los solares

Ya terminó el invierno y las temperaturas ya se suavizan. Como todos los años y casi de golpe, los solares del barrio vuelven a recuperar su incomprendida belleza gracias a la explosión de colores que, cada temporada, anuncia la llegada de la primavera. 

Se ve el violeta, mucho blanco, amarillo. Se ve el verde, por supuesto, pero en variadas gamas. El azul asoma tímido entre las hierbas. Algún rojo llama la atención. Todo ello salpicado por el revoloteo alegre de cientos de insectos voladores que se afanan en sacar el máximo partido de los bienes que proporciona esta explosión de recursos florales. Casi es ridículo pararse a mirar con asombro el espectáculo que ofrece el viejo solar de las afueras del barrio, junto al transitado bulevar. Pero es así. Y más cuando se es biólogo y amante de la observación de la naturaleza. No hay detalle que no valga la pena atender. 

Si entras en el solar, cambia todo. Los detalles imperceptibles surgen, la vida se muestra en toda su complejidad. Las relaciones ecológicas que antes obviabas ahora son un hecho, no solo una idea. Todo se mueve, todo parece tener un propósito en esa parcela destartalada y llena de malas hierbas, futuro pasto de inversiones inmobiliarias. El abejorro que liba, las mariposas que se detienen a descansar, el saltamontes viajero, los escarabajos afanados en sus tareas, los afilados pétalos incipientes de los cardos, exhibiendo una belleza que antes sólo inspiraba aversión y dolor.

Resulta paradójico, y casi cómico, deleitarse con la observación de la vida que en los solares urbanos se despliega. Pero si vives en una ciudad y tienes cerca de tu casa alguno, te recomiendo que te pares y que compruebes por ti mismo lo que acabo de contar.

miércoles, 4 de marzo de 2015

Brotes verdes

Ya florecen los Prunus de las calles.  Ya asoman los brotecillos de las primeras hojas de los árboles de hoja caduca. Aún aguantan desnudos los arces negundos.  Secas penden de las ramillas algunas legumbres. Cada especie arbórea lleva su ritmo y tiene sus formas de cambiar.

Es hora de coger cuaderno y lápiz para anotar todos los detalles de la fenología de las especies que podamos abarcar en nuestra jornada, ahora que el fin del invierno se acerca y llegan nuevas etapas en el ciclo vital de los organismos.

Se puede aprender mucho sobre los seres vivos en la ciudad, en el camino al trabajo o al mercado.  Sólo hace falta curiosidad,  entusiasmo y constancia en la observación.

jueves, 18 de septiembre de 2014

"Justicia salvaje": una reseña

Justicia salvaje. La vida moral de los animales
Marcos Bekoff , Jessica Pierce
Editorial Turner
2010

El libro y sus autores
"Justicia salvaje. La vida moral de los animales" es el título completo de este libro escrito por Marc Bekoff, profesor de Ecología y Biología Evolutiva en la Universidad de Colorado, y Jessica Pierce, profesora de Filosofía. 

En este libro los dos autores defienden la postura de que existe una moralidad en los animales, especialmente en los mamíferos sociales. Para ello repasan de forma breve pero eficaz las principales ideas e hipótesis surgidas a partir de los estudios de diferentes disciplinas como la etología, la psicología, la filosofía e incluso la biología evolutiva.

En mi opinión el libro es muy adecuado para personas con conocimientos previos sobre etología básica y comportamiento animal que quieran retomar el interés por esta disciplina y sus novedades, aunque claramente también está dirigido a todo público profano interesado en conocer un poco más de cerca lo que sabemos acerca de la mente de los animales. Un vistazo más profundo a los estudios científicos sobre la materia requeriría de otras lecturas más avanzadas. Pero esta obra revisa una serie de interesantes experiencias realizadas con varias especies animales, así como numerosas anécdotas que revelan pautas de comportamiento dignas de ser consideradas a la hora de plantearnos la moralidad en los animales no humanos.





El libro se inicia con un prólogo que precede a seis capítulos:

Capítulo 1. La moral en las sociedades animales. Nadando en la abundancia
Capítulo 2. Los fundamentos de la justicia salvaje. Qué hacen los animales y qué significa
Capítulo 3. Cooperación. Ratas agradecidas y babuinos que se rascan la espalda
Capítulo 4. Empatía. Ratones en el fregadero
Capítulo 5. Justicia. Honor y juego limpio entre bestias
Capítulo 6. El malestar ante la moralidad animal. Una nueva síntesis

Finalmente hay una sección de notas aclaratorias, una bibliografía, un índice de nombres y títulos mencionados en la obra, y los agradecimientos.

Reseña de los capítulos

Prólogo

En el prólogo los autores dejan clara su postura a favor de que los animales tienen una moral que, por otra parte, es diferente de la de los humanos y puede ser distinta en cada especie o tipo de animal. Proponen un repaso a tres clusters o fenómenos que evidencian la moralidad en un ser vivo: la cooperación, la empatía y la equidad o justicia.

Capítulo 1. La  moral en las sociedades animales. Nadando en la abundancia

Los ejemplos de animales con vidas sociales ricas y comportamientos complejos abundan en la naturaleza, y así nos lo hacen ver a menudo los medios de comunicación. Hay material, por tanto, con el que analizar el fenómeno de la moralidad animal.
Existe en la vida salvaje mayor número de casos de cooperatividad y altruismo que de conflictos, al contrario de lo que algunos piensan.

Un punto interesante es el establecimiento de requisitos necesarios para que se dé moralidad en un animal. A saber: un cierto nivel de complejidad en la estructura social y cierto discernimiento entre el bien y el mal; complejidad neuronal y cerebral mínimas - para discriminar hechos pasados y futuros -; capacidades cognitivas relativamente avanzadas; alta flexibilidad en la conducta.

En el capítulo se comenta la diferencia entre la moral y los modales, los cuales también son consecuencia de un nivel de complejidad social notable. También se discute la crueldad animal y su caracter adaptativo. 

La moralidad puede variar en grado, siendo el caso de los roedores, por ejemplo, un grado más leve, representado por lo que llaman el contagio emocional. En el otro extremo, se pueden encontrar pautas más complicadas como la reciprocidad generalizada que exhiben algunos animales.

Finalmente se habla del papel de los genes en la moralidad, llegando a la conclusión de que, si bien estos tienen una inevitable influencia en el establecimiento de la misma, son múltiples los factores biológicos y ambientales que dan forma a la moralidad en los animales.

Capítulo 2.  Los fundamentos de la justicia salvaje. Qué hacen los animales y qué significa

El estudio de la moralidad es multidisciplinar: participan la etología, la neurociencia, la psicología o la filosofía moral, entre otras.

Para evaluar un comportamiento animal y saber qué hay en la mente de un animal, el etólogo y Premio Nobel de Fisiología Niko Tinbergen propuso cuatro preguntas básicas: ¿cómo ha evolucionado el comportamiento?; ¿es adaptativo?; ¿qué causas inmediatas tiene?; ¿cuál es su desarrollo u ontogenia?

La tercera pregunta puede ser contestada con ayuda de la neurociencia, que estudia las causas inmediatas de un comportamiento. Esto es, los mecanismos neuronales subyacentes a un comportamiento. En este sentido, parecen jugar un papel importante las neuronas espejo y las neuronas fusiformes. Estas conforman dos áreas actuales de investigación. Las neuronas espejo parecen contribuir a entender el comportamiento de otro individuo.

Una cuestión interesante que se plantea es el de la problemática ética que implica el uso del sufrimiento en animales como objeto de estudio en estas investigaciones.  Cuanto más se ahonda en cuestiones mentales y neuronales más se interpone la ética.

Hay que redefinir qué es moralidad y eliminar viejos mitos como el de que "los animales no piensan ni sienten nada". La situación ha cambiado. Hoy en día sabemos que la mente de los animales es un motivo de estudio potente.

Los investigadores que trabajan en contacto estrecho con animales pueden establecer vínculos emocionales con estos, llegando a considerarlos sujetos, y no objetos, lo cual puede ser motivo de críticas por parte de los más rígidos seguidores del método científico. Sin embargo, desde la etología se defiende que este contacto íntimo con la vida animal permite analizar con más detalle y fidelidad cómo se comporta un animal. Una crítica que se hace en el libro es que se está perdiendo el hábito de los estudios a largo plazo, los cuales son muy enriquecedores, como los de Jane Goodall con los chimpancés, en detrimento de investigaciones más breves.

Muchos aparatos y órganos de los animales son análogos a los de los seres humanos. ¿Podría ser la moralidad una característica análoga? Parece que sí, aunque se habla de que cada animal tiene su propia moralidad. Al respecto, se usan términos de índole humana para referirse a alguna generalidad que compartimos con otros animales. Esto se considera antropomorfismo, y muchos autores tachan de falto de rigor esto, cuando en realidad podría admitirse la generalización de algunos fenómenos mentales en humanos y animales.

Actualmente, pues, la mente animal es un ente público en el que no podemos meternos pero del que sí se saben muchas cosas. Y cada vez se saben más.

El estudio de las emociones también ha avanzado. Siempre ha habido un concepto muy mecanicista del sentir de los animales, pero las cosas han cambiado. Ahora se estudian más las emociones positivas, como la alegría, el placer o el amor. Antes el estudio se centraba en formas negativas de emoción: dolor, tristeza,etc.

La inteligencia parece relacionarse con la moralidad, en cuanto que va ligada a la sociabilidad, y es en animales sociales donde la moralidad puede surgir. La inteligencia no es algo fácil de comparar entre especies animales. En general parece que los mamíferos han alcanzado el mayor grado de sociabilidad dentro del Reino, si bien se piensa que la inteligencia ha evolucionado independientemente en cada grupo animal. Esto implica que la visión de evolución lineal de los seres inteligentes ha quedado anticuada. Para finalizar con la inteligencia, se ha discutido si hay correlación el tamaño del cerebro y el tamaño de la sociedad, pero parece más acertada la hipótesis multifactorial: el tamaño del cerebro está condicionado por varios factores.


Capítulo 3. Cooperación. Ratas agradecidas y babuinos que se rascan la espalda.

La cooperación se da en muchas especies, incluso entre especies distintas. Es una pieza clave de la moralidad, el pegamento que sustenta las relaciones sociales.
Hay muchas formas de cooperar, y todo un abanico de comportamientos cooperativos. La evolución parece propiciar la cooperación, pues está más extendida que la competitividad y el conflicto (la "naturaleza roja de dientes y garras", según Darwin).

El altruismo, por el que un individuo otorga algún beneficio a otro a cambio de nada aparentemente, se define en biología en términos de supervivencia y reproducción. Aquí no cuenta la intención o la motivación. A veces cuesta distinguir en la naturaleza entre altruismo y cooperación. El altruismo es compatible con los "genes egoístas" de Richard Dawkins.

La cooperación se analiza desde sus causas más inmediatas y desde las más lejanas. En el primer caso existen estudios detallados como el de la hormona oxitocina que ejerce, entre varias funciones orgánicas, un papel afiliativo entre los seres humanos. Respecto a las causas lejanas de la cooperación, en un plano más evolutivo, destaca la idea de la selección de grupo, que choca de frente con la concepción darwinista de la selección natural que afecta a individuos. Tal vez la hipótesis más aceptada para la selección de grupo sea la selección de parentesco de Hamilton, según la cual la cooperación y el altruismo quedarían bien argumentados en situaciones en las que los individuos cooperan con sus parientes, con quienes sí comparten los mismos "genes egoístas" antes mencionados. Es esta la primera explicación científica rigurosa al altruismo.

¿Y qué pasa con la cooperación entre individuos no emparentados genéticamente? Dos explicaciones son la reciprocidad y el mutualismo. Sin embargo, muchos autores piensan que el altruismo recíproco, o hacer un favor a otro para luego recibir otro favor, es un rasgo exclusivo del ser humano.

Los beneficios de la cooperación son numerosos. A menudo, el beneficio de un acto cooperativo es algo diferente al propio acto, como en el caso de algunos monos que desparasitan a sus compañeros para que se les permita luego mecer en sus brazos a un bebé. Además, los beneficios de la cooperación pueden surgir a medio o largo plazo, no siempre son inmediatos.

Hacia el final del capítulo se habla del especismo cognitivo: es la tendencia a pensar que si una habilidad mental no está presente en los primates, tampoco existirá en otros grupos animales, cuando en realidad cada grupo animal posee sus propias pautas de comportamiento y sus habilidades cognitivas. Por esta razón están mal vistos estudios sobre cognición e inteligencia en córvidos, ratas, hienas, etc.


Capítulo 4. Empatía. Ratones en el fregadero.

La experiencia de un ratón dando de comer a su asustado compañero mientras ambos se encontraban encerrados en una pila de fregar es la anécdota que da título a este capítulo. Como en muchas otras historietas sobre animales, resulta tentador hablar de empatía. Podría decirse que la empatía es la piedra angular de la moralidad, pues es la capacidad de comprender qué le pasa al prójimo. Resulta importante distinguir entre empatía y compasión, que sería sentir algo hacia otro, en tanto que empatía en sentir algo con el otro.

La empatía es una suerte de contagio emocional. Y resulta ser adaptativa: ayuda a dispersar sentimientos de alegría, curiosidad o interés. También puede ayudar a extender a todos los miembros de un grupo sentimientos como el miedo o la precaución.

La empatía tiene unos costes para el individuo. Se citan, por ejemplo, mecanismos hormonales de estrés que se activan cuando un animal siente empatía. También puede ser nociva para el individuo objeto de la empatía si en un contexto social se adivinan las debilidades del mismo.

Hay experimentos en los que se observan los efectos de ser testigos. Los animales que presencian el sufrimiento de otros experimentan una respuesta más intensa frente a los mismos estímulos que provocan el mal en sus compañeros. Esto evidencia la existencia de empatía en tales animales.

Hay muchos ejemplos descritos en el libro sobre casos de empatía. Knuckles, un chimpancé con parálisis cerebral, es cariñosamente tratado y cuidado por sus compañeros. Tina, otra chimpancé, velaba por una compañera muerta, y tan solo dejaba acercarse y tocarla a Tarzán, el  hijo huérfano.
Grace, una elefanta que cuidaba de Eleanor, una compañera mayor perteneciente a otra familia, mostró sus respetos a la fallecida apoyando una pata sobre el cadáver de esta. A su vez, muchos elefantes de diferentes matriarcados acudieron a visitar el cuerpo de Eleanor.


Capítulo 5. Justicia. Honor y juego limpio entre bestias.

La equidad se ha considerado un rasgo exclusivo del ser humano, pero los resultados de algunos estudios, como un experimento de Jensen con chimpancés pueden interpretarse de manera ambigua, habiendo quien opina que nuestros compañeros primates son más equitativos a la hora de asumir un reparto.
La justicia puede revelarse también en las manadas de lobos. Así lo expresa Robert Solomon en su libro A Passion for Justice. La obra nos invita a aprender de los lobos como individuos justos y equitativos.

La justicia en sí posee poco significado en la biología clásica. Puede definirse en términos de equidad y reciprocidad. También se entiende como la reacción adversa ante las injusticias. En los seres humanos el sentido de la justicia parece innato, a juzgar por experimentos realizados con bebés en los que se ponía a prueba su sentido del juicio frente a personajes ficticios que manifestaban distintos roles: el bueno, el malo, etc.

Es posible que la evolución favorezca la aparición del sentido de la justicia. Podría ser esta una Estrategia Evolutivamente Estable (EEE), es decir, un modo de comportamiento que, asumido por un grupo de individuos, perdura generación tras generación.

El juego social, practicado por numerosos grupos animales y, de manera más intensa, por mamíferos sociales - esto último difícilmente debe ser casualidad -  podría contribuir al desarrollo de la justicia en los animales, pues requiere del cumplimiento de unas normas. El juego es adaptativo en la naturaleza. Mejora el aprendizaje y aumenta la flexibilidad en el comportamiento. Contribuye, además a la alegría y al placer de quien lo practica. En muchos animales el juego provoca el desarrollo del neocórtex cerebral. El juego en grupo parece ayudar a aprender habilidades sociales en un entorno seguro.

El castigo en el juego parece un mecanismo necesario para dejar claras las reglas del juego, es decir, contribuye a la justicia y a la equidad en el grupo. El objetivo es reducir las desigualdades. La inversión de roles en grupos sociales jerarquizados, como en las manadas de lobos, en ratas o en ualabíes, es un hecho comprobado y un ejemplo de reducción de desigualdad entre individuos.

Jugar provoca placer. Esto demostraría que el placer no es algo opuesto a la moralidad, tal y como proponen viejas doctrinas y religiones.

El perdón, o admitir que uno se ha equivocado, también existe entre animales. Es un mecanismo que promueve la reanudación del juego tras un incumplimiento de las reglas.

Un gran ejemplo de pautas de aversión hacia la injusticia se ha analizado en los experimentos de Brosnan con monos capuchinos. En estos, los monos que eran recompensados por un favor con un premio de inferior calidad que el que habían recibido sus compañeros se enfadaban y mostraban su desprecio a los partícipes de la recompensa - los cuidadores -. Esto puede interpretarse como sensaciones de avaricia u de envidia, pero precisamente la envidia puede ser la contrapartida de la justicia, y demuestra que falta esta última.

Ser injusto tiene sus costes. Así se demuestra en los coyotes americanos, en los que los individuos que no juegan suelen apartarse más del grupo, y estos ejemplares solitarios suelen sobrevivir mucho menos que los que sí se mantienen integrados en el grupo. En los seres humanos se sabe que la falta de equidad provoca estrés social y por tanto más problemas de salud. Así se observa al comparar países más igualitarios con otros menos favorecidos.

La justicia, precisamente por ser un concepto arraigado en la condición humana desde hace tiempo, es el cluster que más escepticismo provoca. Pero la justicia es un sentimiento ante todo.

Finalmente se observa que los tres rasgos estudiados en el libro conforman un entretejido de relaciones. En general se asume que la empatía y la cooperación son la base de la justicia. para cooperar hay que saber comparar el esfuerzo propio con el de los demás y hay que confiar. En cuanto a la empatía, es un hecho que muchos animales sienten más empatía hacia otros que han sido más justos con ellos.

Tras este complicado análisis de la moralidad en los animales, ¿cómo los tratamos, qué hacemos con ellos?


Capítulo 6. El malestar ante la moralidad animal. Una nueva síntesis.

Una hembra de murciélago que está a punto de parir ha de tomar una posición determinada para ello y no es capaz de ello, pero otra hembra hace de matrona y le enseña a adoptar la postura adecuada. Este estudio de Thomas Kunz nos hace pensar en la ayudante. ¿ Por qué ayudaba a su compañera? ¿Era una murciélago  filósofa, dotada de moralidad?

El capítulo final del libro invita a reflexionar sobre las consecuencias y posibles expectativas de los estudios sobre la inteligencia moral en animales. Una de las primeras ideas es si debería incluirse el estudio de la moral en las ciencias biológicas.

Otra necesidad es reconsiderar el concepto de moralidad, pues abarca muchos más fenómenos y procesos mentales de los que se han considerado tradicionalmente, si bien hay escépticos que sospechan cuando se habla de atribuir moral a los animales. Los autores defienden, al estilo darwiniano, una diferencia solo de grado entre humanos y animales. De hecho, tal vez compartan un sustrato moral profundo, aunque encubierto por las capas externas, más nuevas (lenguaje y juicio), que serán las que producirán una discontinuidad humano - animal.

Filósofos, teólogos,.. muchos son los que dudan de la moral animal, entre otros motivos porque esto puede suponer desprestigiar la posición privilegiada humana en el pensamiento y la cultura. Sin embargo los autores sostienen que estos estudios no hacen otra cosa que corroborar la especificidad humana, y ayudar a fundamentar la dignidad de nuestra especie en el mundo, sin dejar de remarcar, por supuesto, la "personalidad" o individualidad de los animales.

Dos diferencias básicas entre humanos y animales, en materia de moral, son:
- Autocontrol reflexivo, o tener conciencia de los actos propios. Los animales no lo poseen. Por eso no los consideramos responsables de sus actos ni moralmente culpables.
- Uso del lenguaje. Terence Deacon habla en su obra The Symbolic Species de la función del lenguaje en el desarrollo y transmisión de la moralidad humana.

La agencialidad, o capacidad de elegir entre obrar de un modo u otro, es uno de los rasgos más complicados de hallar en los animales para justificarles una moral. Sin embargo, ya hemos visto que la plasticidad etológica que exhiben muchos animales cuando se comportan de uno u otro modo con los suyos denota cierta agencialidad por su parte.

La conciencia, o capacidad de juzgarnos a nosotros mismos, es otro rasgo conflictivo. Darwin ya aseguraba que en los perros podía hallarse síntomas de conciencia. Lo que es cierto es que el fenómeno de la vergüenza, bien conocido en nuestra especie, sí confirma nuestra conciencia humana.

Para terminar, los derechos de los animales. ¿Qué, tras hablar de todo esto? Una descripción científica per se no comporta un imperativo moral: nadie obliga a respetar mejor y más a los animales aun tras conocerles mejor por dentro. Pero lo cierto es que nuestra empatía puede hacer que  nuestra actitud hacia ellos cambie. Y es que tradicionalmente hemos basado nuestro trato a los animales en granjas, laboratorios, ocio, etc. en una concepción anticuada: que los animales tienen una vida interior pobre en emociones.

Una ciencia joven se está desarrollando. Se está avanzando cada vez más en el conocimiento de nuestros compañeros, los animales. La colaboración entre filósofos, teólogos y científicos es un hecho actual, y los autores defienden que el estudio de la moral debe ser objeto de esta alianza, y no algo exclusivo de uno de los bandos.

Terminamos la lectura del libro con esta pregunta y su respuesta:

¿Tienen los animales algo parecido a una inteligencia moral? La respuesta es sí.

Si os animáis a leerlo, espero que os guste y os guíe en vuestro interés por conocer mejor a los animales y por conseguir un mayor respeto hacia los mismos.

miércoles, 10 de septiembre de 2014

La huerta de noche


Miro el reloj. Son las 18:25. La suave brisa del atardecer golpea más fuerte mi cara a medida que transcurren los minutos. Creo que, si no fuese por el forro polar que llevo puesto y por el pasamontañas que me cubre la boca, el frío ya habría hecho mella en mí. Camino decidido, sujetando con las manos mi bicicleta de montaña,  por la vieja y estrecha carretera de gris asfalto. Esta vía ya está muy castigada por el tiempo. Atrás he dejado la alegría de los chillidos infantiles y el gentío del parque urbano. Ahora he cambiado mi rumbo y estoy en la huerta, espacio diáfano de lejanos horizontes que distan mucho de donde yo estoy. Líneas rectas se dibujan en los campos a izquierda y derecha. Mire donde mire, centenares de caballones, surcos bien perfilados por la maquinaria, aparecen ante mis ojos. De vez en cuando irrumpe en escena alguna solitaria señal de tráfico. Como a estas alturas ya empiezo a sentir la habitual soledad que caracteriza a este tipo de incursiones, las señales me recuerdan que por este camino pasa a diario alguien más, además de yo.

Mientras voy andando el giro de los piñones de la rueda ameniza, con su rítmico repiqueteo, mi paseo por la huerta en el crepúsculo. No se escuchan muchos más sonidos cerca de mí. Los últimos petirrojos de la tarde ofrecen sus reclamos martilleantes y alguna urraca lejana grazna desde su percha, probablemente la copa de un espeso árbol. Da la impresión de que las aves pretenden convencerme de que me vaya a casa, de que abandone mi propósito y me vuelva con los míos al cálido hogar donde vivo. Se está haciendo de noche.

Han pasado muchos años desde que, por primera vez, consultaba guías y textos que hablaban de la criatura que ahora ando buscando solo por esta carretera. El entusiasmo infantil no parece haberse disipado en mí, y más bien es el combustible que me mantiene decidido a caminar en dirección opuesta a la de mi casa. Es un ejercicio de soledad, de comunión con el medio que te rodea. Dentro de las prendas se siente uno protegido, a salvo de la fría masa de aire separada de la piel por tan sólo unos centímetros de tejidos. Son suficientes para abrigarse. Sin ellos, pagaría caras mis inquietudes de esta tarde.

Mi respiración es pausada, tranquila, y calienta el pasamontañas que cubre mi boca. Cada vez es más intenso el bufido de la brisa que precede al anochecer. El cielo se está volviendo de un azul oscuro muy intenso. Se encienden las primeras luces amarillas allá, en los barrios del norte de la ciudad. El olor a humedad de la huerta se está volviendo más intenso conforme anochece.

Mientras tanto, voy pensando en todo eso de la constancia, la perseverancia. Si es verdad lo que dicen sobre ser perseverante, esto debería conducirme al éxito. Han sido muchas las intentonas por escucharlo, y por verlo, claro está, aunque no siempre lo he logrado. Puede que por aquí cerca lo tenga, en silencio, observándome. Tal vez esté  ahora mismo apostado en algún poste eléctrico cercano, o sobre las tejas de alguna casucha agrícola. Justo en este momento veo delante, a continuación de una curva, lo que parece una especie de caserón. Me dirijo hacia él.

La noche ya ha llegado, y yo sigo avanzando. A mi derecha, una verja metálica no muy alta delimita un campo de naranjos. Ya se empieza a escuchar el reclamo de los astutos mirlos, que, ocultos entre las sombras de los achaparrados frutales, parecen hacer revista de su grupo, comunicándose entre ellos mediante ese tono sonoro y aflautado que siempre acompaña al paseante en los jardines de la ciudad y en la huerta.

Y al final del naranjal, una caseta. Antes no se apreciaba detalle alguno de la misma, a cierta distancia, pero ahora puedo comprobar la blancura de sus paredes. Es una caseta con dos ventanucos muy pequeños. Una vieja puerta metálica cubierta por una cortina metálica, al más puro estilo de las casas rurales, y las tejas del techo son todo lo que la casa muestra al caminante. En la entrada, a ambos lados de la puerta, hay un par de cubos azules de plástico que hacen las veces de macetas.No parece haber nadie en este momento en la casa Ya hay muchas luces amarillas en el horizonte.

Me detengo a corta distancia de la caseta. No dejo de sorprenderme de mí mismo en estos casos. Me resulta inquietante la manera en que me dejo abrazar por la soledad de la noche. Buscando a estas bestias, todos los tópicos de terror, peligro y fantasmas se disipan por completo. Cuando te unes a la noche, dejas de sentir miedo a la oscuridad porque pasas a pertenecer a ella. Entonces, una sensación de poder te invade. Es un halo de seguridad y confianza que se gana a pulso, porque eres tú quien ha llegado hasta allí, solo, y nadie más. 

De repente, un maullido reverberante se extiende desde la caseta hasta los límites de los campos de alrededor. Me quedo petrificado, ahí, delante de la casa, tratando en vano de observar todos y cada uno de los rincones, con la esperanza de verlo. Cinco segundos. Vuelve a resonar el maullido. La emoción me embarga. Es la recompensa por el esfuerzo y la insistencia. Casi un millón de personas que viven aquí cerca se lo están perdiendo, pero yo estoy aquí, solo y en medio de la penumbra. Con los prismáticos procuro enfocar las partes altas de la caseta. Pero salvo las tejas, nada sale a escena. Los contornos de las paredes son totalmente negros a través de los oculares, y el fondo es de un azul tremendamente oscuro. No soy consciente de la oscuridad de mi alrededor, ya me he adaptado a ella. Enfoco hacia el cable eléctrico que se extiende hacia los campos de atrás, pero nada, no está ahí. Ni siquiera vuelve a escucharse. Quizá se ha alejado, o permanece en silencio,  quieto, en su sitio.

Un rato después emprendo la vuelta a casa. No ha sido posible verlo, pero regreso contento, bicicleta en mano, en medio de la penumbra de la huerta. Volveré. 

















domingo, 16 de junio de 2013

Aves e incendios forestales


Pablo Vera, de SEO valencia, dio una charla sobre cómo afectan los incendios forestales a las aves de los ecosistemas mediterráneos, basándose principalmente en los estudios efectuados al respecto en Cataluña. En esta entrada se hace una breve alusión a los asuntos tratados durante la charla.

Las aves, al igual que la vegetación, también poseen adaptaciones al régimen de incendios del ecosistema mediterráneo. Se pueden diferenciar dos épocas muy diferentes para estudiar cómo afecta un incendio forestal a la comunidad de aves:

- Época de cría: afectará sobre todo a la productividad (a la reproducción, al número de descendientes vivos, etc.)
- Fuera de la época de cría: se da una respuesta no reproductiva. Normalmente se dan desplazamientos. Un problema es la falta de hábitat óptimo. Los resultados para un graupo de aves afectadas por un incendio pueden ser:
- Mortalidad
- Emigración
- Filopatria --> Tenacidad, o tendencia de un ave a retornar al mismo lugar pese a estar en condiciones inadecuadas

CASO DE LA COMUNIDAD VALENCIANA
El pasado verano, tras los grandes incendios de Andilla y Cortés de Pallás, se dio el caso, nunca antes visto, de que se avistaron en la Devesa de l´Albufera dos aves forestales como el herrerillo capuchino y el busardo ratonero, usando como ¿zona de cría? el lugar. Esto supuso un ejemplo de emigración forzada por el incendio forestal.

En las áreas afectadas por el incendio, resultaron dañadas algunas ZEPA (Zonas de Especial Protección para las Aves): la ZEPA  de la Sierra de Martés - Muela de Cortés y la ZEPA del Alto Turia - Sierra de Negrete. Las especies de interés afectadas aquí fueron rapaces diurnas como el águila perdicera, el águila culebrera o el águila calzada. El perjuicio podría ser como pérdida de pollos o de puestos. 
Aunque, ¿todo está perdido en estos casos? Esto depende de los requerimientos de hábitat de cada especie. Por ejemplo, el águlia perdicera puede beneficiarse de un incendio, ya que tiene apetencia por los espacios abiertos. Sin embargo, las águilas real y culebrera resultarán más malparadas debido a su condición de aves forestales.

Las aves pequeñas, los pájaros, ofrecen respuestas ecológicas más rápidas frente a un incendio. la primera observación que puede hacerse es que hay un fuerte correlación entre la densidad de la vegetación y la densidad de estas aves, si bien se sabe que cada especie posee una respuesta diferente a los incendios, y puede ser una respuesta positiva o negativa. Los escribanos hortelanos, por ejemplo, reducen su densidad, mientras que los bisbitas arbóreos aumentan en número. 

Un caso particular de pájaros que se benefician de una situación postincendio son las currucas.


CÓMO FAVORECER LA RECOLONIZACIÓN: PROPUESTA.

Se usan cajas nido para aumentar la densidad de población de las aves. Se demostró que la abundancia de carboneros comunes aumenta en zonas con presencia de cajas más que en zonas sin cajas. En árboles verdes, semiquemados, es mejor colocar las cajas que en árboles quemados al completo.