Justicia salvaje. La vida moral de los animales
Marcos Bekoff , Jessica Pierce
Editorial Turner
2010
El libro y sus autores
"Justicia salvaje. La vida moral de los animales" es el título completo de este libro escrito por Marc Bekoff, profesor de Ecología y Biología Evolutiva en la Universidad de Colorado, y Jessica Pierce, profesora de Filosofía.
En este libro los dos autores defienden la postura de que existe una moralidad en los animales, especialmente en los mamíferos sociales. Para ello repasan de forma breve pero eficaz las principales ideas e hipótesis surgidas a partir de los estudios de diferentes disciplinas como la etología, la psicología, la filosofía e incluso la biología evolutiva.
En mi opinión el libro es muy adecuado para personas con conocimientos previos sobre etología básica y comportamiento animal que quieran retomar el interés por esta disciplina y sus novedades, aunque claramente también está dirigido a todo público profano interesado en conocer un poco más de cerca lo que sabemos acerca de la mente de los animales. Un vistazo más profundo a los estudios científicos sobre la materia requeriría de otras lecturas más avanzadas. Pero esta obra revisa una serie de interesantes experiencias realizadas con varias especies animales, así como numerosas anécdotas que revelan pautas de comportamiento dignas de ser consideradas a la hora de plantearnos la moralidad en los animales no humanos.
El libro se inicia con un prólogo que precede a seis capítulos:
Capítulo 1. La moral en las sociedades animales. Nadando en la abundancia
Capítulo 2. Los fundamentos de la justicia salvaje. Qué hacen los animales y qué significa
Capítulo 3. Cooperación. Ratas agradecidas y babuinos que se rascan la espalda
Capítulo 4. Empatía. Ratones en el fregadero
Capítulo 5. Justicia. Honor y juego limpio entre bestias
Capítulo 6. El malestar ante la moralidad animal. Una nueva síntesis
Finalmente hay una sección de notas aclaratorias, una bibliografía, un índice de nombres y títulos mencionados en la obra, y los agradecimientos.
Reseña de los capítulos
Prólogo
En el prólogo los autores dejan clara su postura a favor de que los animales tienen una moral que, por otra parte, es diferente de la de los humanos y puede ser distinta en cada especie o tipo de animal. Proponen un repaso a tres clusters o fenómenos que evidencian la moralidad en un ser vivo: la cooperación, la empatía y la equidad o justicia.
Capítulo 1. La moral en las sociedades animales. Nadando en la abundancia
Los ejemplos de animales con vidas sociales ricas y comportamientos complejos abundan en la naturaleza, y así nos lo hacen ver a menudo los medios de comunicación. Hay material, por tanto, con el que analizar el fenómeno de la moralidad animal.
Existe en la vida salvaje mayor número de casos de cooperatividad y altruismo que de conflictos, al contrario de lo que algunos piensan.
Un punto interesante es el establecimiento de requisitos necesarios para que se dé moralidad en un animal. A saber: un cierto nivel de complejidad en la estructura social y cierto discernimiento entre el bien y el mal; complejidad neuronal y cerebral mínimas - para discriminar hechos pasados y futuros -; capacidades cognitivas relativamente avanzadas; alta flexibilidad en la conducta.
En el capítulo se comenta la diferencia entre la moral y los modales, los cuales también son consecuencia de un nivel de complejidad social notable. También se discute la crueldad animal y su caracter adaptativo.
La moralidad puede variar en grado, siendo el caso de los roedores, por ejemplo, un grado más leve, representado por lo que llaman el contagio emocional. En el otro extremo, se pueden encontrar pautas más complicadas como la reciprocidad generalizada que exhiben algunos animales.
Finalmente se habla del papel de los genes en la moralidad, llegando a la conclusión de que, si bien estos tienen una inevitable influencia en el establecimiento de la misma, son múltiples los factores biológicos y ambientales que dan forma a la moralidad en los animales.
Capítulo 2. Los fundamentos de la justicia salvaje. Qué hacen los animales y qué significa
El estudio de la moralidad es multidisciplinar: participan la etología, la neurociencia, la psicología o la filosofía moral, entre otras.
Para evaluar un comportamiento animal y saber qué hay en la mente de un animal, el etólogo y Premio Nobel de Fisiología Niko Tinbergen propuso cuatro preguntas básicas: ¿cómo ha evolucionado el comportamiento?; ¿es adaptativo?; ¿qué causas inmediatas tiene?; ¿cuál es su desarrollo u ontogenia?
La tercera pregunta puede ser contestada con ayuda de la neurociencia, que estudia las causas inmediatas de un comportamiento. Esto es, los mecanismos neuronales subyacentes a un comportamiento. En este sentido, parecen jugar un papel importante las neuronas espejo y las neuronas fusiformes. Estas conforman dos áreas actuales de investigación. Las neuronas espejo parecen contribuir a entender el comportamiento de otro individuo.
Una cuestión interesante que se plantea es el de la problemática ética que implica el uso del sufrimiento en animales como objeto de estudio en estas investigaciones. Cuanto más se ahonda en cuestiones mentales y neuronales más se interpone la ética.
Hay que redefinir qué es moralidad y eliminar viejos mitos como el de que "los animales no piensan ni sienten nada". La situación ha cambiado. Hoy en día sabemos que la mente de los animales es un motivo de estudio potente.
Los investigadores que trabajan en contacto estrecho con animales pueden establecer vínculos emocionales con estos, llegando a considerarlos sujetos, y no objetos, lo cual puede ser motivo de críticas por parte de los más rígidos seguidores del método científico. Sin embargo, desde la etología se defiende que este contacto íntimo con la vida animal permite analizar con más detalle y fidelidad cómo se comporta un animal. Una crítica que se hace en el libro es que se está perdiendo el hábito de los estudios a largo plazo, los cuales son muy enriquecedores, como los de Jane Goodall con los chimpancés, en detrimento de investigaciones más breves.
Muchos aparatos y órganos de los animales son análogos a los de los seres humanos. ¿Podría ser la moralidad una característica análoga? Parece que sí, aunque se habla de que cada animal tiene su propia moralidad. Al respecto, se usan términos de índole humana para referirse a alguna generalidad que compartimos con otros animales. Esto se considera antropomorfismo, y muchos autores tachan de falto de rigor esto, cuando en realidad podría admitirse la generalización de algunos fenómenos mentales en humanos y animales.
Actualmente, pues, la mente animal es un ente público en el que no podemos meternos pero del que sí se saben muchas cosas. Y cada vez se saben más.
El estudio de las emociones también ha avanzado. Siempre ha habido un concepto muy mecanicista del sentir de los animales, pero las cosas han cambiado. Ahora se estudian más las emociones positivas, como la alegría, el placer o el amor. Antes el estudio se centraba en formas negativas de emoción: dolor, tristeza,etc.
La inteligencia parece relacionarse con la moralidad, en cuanto que va ligada a la sociabilidad, y es en animales sociales donde la moralidad puede surgir. La inteligencia no es algo fácil de comparar entre especies animales. En general parece que los mamíferos han alcanzado el mayor grado de sociabilidad dentro del Reino, si bien se piensa que la inteligencia ha evolucionado independientemente en cada grupo animal. Esto implica que la visión de evolución lineal de los seres inteligentes ha quedado anticuada. Para finalizar con la inteligencia, se ha discutido si hay correlación el tamaño del cerebro y el tamaño de la sociedad, pero parece más acertada la hipótesis multifactorial: el tamaño del cerebro está condicionado por varios factores.
Capítulo 3. Cooperación. Ratas agradecidas y babuinos que se rascan la espalda.
La cooperación se da en muchas especies, incluso entre especies distintas. Es una pieza clave de la moralidad, el pegamento que sustenta las relaciones sociales.
Hay muchas formas de cooperar, y todo un abanico de comportamientos cooperativos. La evolución parece propiciar la cooperación, pues está más extendida que la competitividad y el conflicto (la "naturaleza roja de dientes y garras", según Darwin).
El altruismo, por el que un individuo otorga algún beneficio a otro a cambio de nada aparentemente, se define en biología en términos de supervivencia y reproducción. Aquí no cuenta la intención o la motivación. A veces cuesta distinguir en la naturaleza entre altruismo y cooperación. El altruismo es compatible con los "genes egoístas" de Richard Dawkins.
La cooperación se analiza desde sus causas más inmediatas y desde las más lejanas. En el primer caso existen estudios detallados como el de la hormona oxitocina que ejerce, entre varias funciones orgánicas, un papel afiliativo entre los seres humanos. Respecto a las causas lejanas de la cooperación, en un plano más evolutivo, destaca la idea de la selección de grupo, que choca de frente con la concepción darwinista de la selección natural que afecta a individuos. Tal vez la hipótesis más aceptada para la selección de grupo sea la selección de parentesco de Hamilton, según la cual la cooperación y el altruismo quedarían bien argumentados en situaciones en las que los individuos cooperan con sus parientes, con quienes sí comparten los mismos "genes egoístas" antes mencionados. Es esta la primera explicación científica rigurosa al altruismo.
¿Y qué pasa con la cooperación entre individuos no emparentados genéticamente? Dos explicaciones son la reciprocidad y el mutualismo. Sin embargo, muchos autores piensan que el altruismo recíproco, o hacer un favor a otro para luego recibir otro favor, es un rasgo exclusivo del ser humano.
Los beneficios de la cooperación son numerosos. A menudo, el beneficio de un acto cooperativo es algo diferente al propio acto, como en el caso de algunos monos que desparasitan a sus compañeros para que se les permita luego mecer en sus brazos a un bebé. Además, los beneficios de la cooperación pueden surgir a medio o largo plazo, no siempre son inmediatos.
Hacia el final del capítulo se habla del especismo cognitivo: es la tendencia a pensar que si una habilidad mental no está presente en los primates, tampoco existirá en otros grupos animales, cuando en realidad cada grupo animal posee sus propias pautas de comportamiento y sus habilidades cognitivas. Por esta razón están mal vistos estudios sobre cognición e inteligencia en córvidos, ratas, hienas, etc.
Capítulo 4. Empatía. Ratones en el fregadero.
La experiencia de un ratón dando de comer a su asustado compañero mientras ambos se encontraban encerrados en una pila de fregar es la anécdota que da título a este capítulo. Como en muchas otras historietas sobre animales, resulta tentador hablar de empatía. Podría decirse que la empatía es la piedra angular de la moralidad, pues es la capacidad de comprender qué le pasa al prójimo. Resulta importante distinguir entre empatía y compasión, que sería sentir algo hacia otro, en tanto que empatía en sentir algo con el otro.
La empatía es una suerte de contagio emocional. Y resulta ser adaptativa: ayuda a dispersar sentimientos de alegría, curiosidad o interés. También puede ayudar a extender a todos los miembros de un grupo sentimientos como el miedo o la precaución.
La empatía tiene unos costes para el individuo. Se citan, por ejemplo, mecanismos hormonales de estrés que se activan cuando un animal siente empatía. También puede ser nociva para el individuo objeto de la empatía si en un contexto social se adivinan las debilidades del mismo.
Hay experimentos en los que se observan los efectos de ser testigos. Los animales que presencian el sufrimiento de otros experimentan una respuesta más intensa frente a los mismos estímulos que provocan el mal en sus compañeros. Esto evidencia la existencia de empatía en tales animales.
Hay muchos ejemplos descritos en el libro sobre casos de empatía. Knuckles, un chimpancé con parálisis cerebral, es cariñosamente tratado y cuidado por sus compañeros. Tina, otra chimpancé, velaba por una compañera muerta, y tan solo dejaba acercarse y tocarla a Tarzán, el hijo huérfano.
Grace, una elefanta que cuidaba de Eleanor, una compañera mayor perteneciente a otra familia, mostró sus respetos a la fallecida apoyando una pata sobre el cadáver de esta. A su vez, muchos elefantes de diferentes matriarcados acudieron a visitar el cuerpo de Eleanor.
Capítulo 5. Justicia. Honor y juego limpio entre bestias.
La equidad se ha considerado un rasgo exclusivo del ser humano, pero los resultados de algunos estudios, como un experimento de Jensen con chimpancés pueden interpretarse de manera ambigua, habiendo quien opina que nuestros compañeros primates son más equitativos a la hora de asumir un reparto.
La justicia puede revelarse también en las manadas de lobos. Así lo expresa Robert Solomon en su libro A Passion for Justice. La obra nos invita a aprender de los lobos como individuos justos y equitativos.
La justicia en sí posee poco significado en la biología clásica. Puede definirse en términos de equidad y reciprocidad. También se entiende como la reacción adversa ante las injusticias. En los seres humanos el sentido de la justicia parece innato, a juzgar por experimentos realizados con bebés en los que se ponía a prueba su sentido del juicio frente a personajes ficticios que manifestaban distintos roles: el bueno, el malo, etc.
Es posible que la evolución favorezca la aparición del sentido de la justicia. Podría ser esta una Estrategia Evolutivamente Estable (EEE), es decir, un modo de comportamiento que, asumido por un grupo de individuos, perdura generación tras generación.
El juego social, practicado por numerosos grupos animales y, de manera más intensa, por mamíferos sociales - esto último difícilmente debe ser casualidad - podría contribuir al desarrollo de la justicia en los animales, pues requiere del cumplimiento de unas normas. El juego es adaptativo en la naturaleza. Mejora el aprendizaje y aumenta la flexibilidad en el comportamiento. Contribuye, además a la alegría y al placer de quien lo practica. En muchos animales el juego provoca el desarrollo del neocórtex cerebral. El juego en grupo parece ayudar a aprender habilidades sociales en un entorno seguro.
El castigo en el juego parece un mecanismo necesario para dejar claras las reglas del juego, es decir, contribuye a la justicia y a la equidad en el grupo. El objetivo es reducir las desigualdades. La inversión de roles en grupos sociales jerarquizados, como en las manadas de lobos, en ratas o en ualabíes, es un hecho comprobado y un ejemplo de reducción de desigualdad entre individuos.
Jugar provoca placer. Esto demostraría que el placer no es algo opuesto a la moralidad, tal y como proponen viejas doctrinas y religiones.
El perdón, o admitir que uno se ha equivocado, también existe entre animales. Es un mecanismo que promueve la reanudación del juego tras un incumplimiento de las reglas.
Un gran ejemplo de pautas de aversión hacia la injusticia se ha analizado en los experimentos de Brosnan con monos capuchinos. En estos, los monos que eran recompensados por un favor con un premio de inferior calidad que el que habían recibido sus compañeros se enfadaban y mostraban su desprecio a los partícipes de la recompensa - los cuidadores -. Esto puede interpretarse como sensaciones de avaricia u de envidia, pero precisamente la envidia puede ser la contrapartida de la justicia, y demuestra que falta esta última.
Ser injusto tiene sus costes. Así se demuestra en los coyotes americanos, en los que los individuos que no juegan suelen apartarse más del grupo, y estos ejemplares solitarios suelen sobrevivir mucho menos que los que sí se mantienen integrados en el grupo. En los seres humanos se sabe que la falta de equidad provoca estrés social y por tanto más problemas de salud. Así se observa al comparar países más igualitarios con otros menos favorecidos.
La justicia, precisamente por ser un concepto arraigado en la condición humana desde hace tiempo, es el cluster que más escepticismo provoca. Pero la justicia es un sentimiento ante todo.
Finalmente se observa que los tres rasgos estudiados en el libro conforman un entretejido de relaciones. En general se asume que la empatía y la cooperación son la base de la justicia. para cooperar hay que saber comparar el esfuerzo propio con el de los demás y hay que confiar. En cuanto a la empatía, es un hecho que muchos animales sienten más empatía hacia otros que han sido más justos con ellos.
Tras este complicado análisis de la moralidad en los animales, ¿cómo los tratamos, qué hacemos con ellos?
Capítulo 6. El malestar ante la moralidad animal. Una nueva síntesis.
Una hembra de murciélago que está a punto de parir ha de tomar una posición determinada para ello y no es capaz de ello, pero otra hembra hace de matrona y le enseña a adoptar la postura adecuada. Este estudio de Thomas Kunz nos hace pensar en la ayudante. ¿ Por qué ayudaba a su compañera? ¿Era una murciélago filósofa, dotada de moralidad?
El capítulo final del libro invita a reflexionar sobre las consecuencias y posibles expectativas de los estudios sobre la inteligencia moral en animales. Una de las primeras ideas es si debería incluirse el estudio de la moral en las ciencias biológicas.
Otra necesidad es reconsiderar el concepto de moralidad, pues abarca muchos más fenómenos y procesos mentales de los que se han considerado tradicionalmente, si bien hay escépticos que sospechan cuando se habla de atribuir moral a los animales. Los autores defienden, al estilo darwiniano, una diferencia solo de grado entre humanos y animales. De hecho, tal vez compartan un sustrato moral profundo, aunque encubierto por las capas externas, más nuevas (lenguaje y juicio), que serán las que producirán una discontinuidad humano - animal.
Filósofos, teólogos,.. muchos son los que dudan de la moral animal, entre otros motivos porque esto puede suponer desprestigiar la posición privilegiada humana en el pensamiento y la cultura. Sin embargo los autores sostienen que estos estudios no hacen otra cosa que corroborar la especificidad humana, y ayudar a fundamentar la dignidad de nuestra especie en el mundo, sin dejar de remarcar, por supuesto, la "personalidad" o individualidad de los animales.
Dos diferencias básicas entre humanos y animales, en materia de moral, son:
- Autocontrol reflexivo, o tener conciencia de los actos propios. Los animales no lo poseen. Por eso no los consideramos responsables de sus actos ni moralmente culpables.
- Uso del lenguaje. Terence Deacon habla en su obra The Symbolic Species de la función del lenguaje en el desarrollo y transmisión de la moralidad humana.
La agencialidad, o capacidad de elegir entre obrar de un modo u otro, es uno de los rasgos más complicados de hallar en los animales para justificarles una moral. Sin embargo, ya hemos visto que la plasticidad etológica que exhiben muchos animales cuando se comportan de uno u otro modo con los suyos denota cierta agencialidad por su parte.
La conciencia, o capacidad de juzgarnos a nosotros mismos, es otro rasgo conflictivo. Darwin ya aseguraba que en los perros podía hallarse síntomas de conciencia. Lo que es cierto es que el fenómeno de la vergüenza, bien conocido en nuestra especie, sí confirma nuestra conciencia humana.
Para terminar, los derechos de los animales. ¿Qué, tras hablar de todo esto? Una descripción científica per se no comporta un imperativo moral: nadie obliga a respetar mejor y más a los animales aun tras conocerles mejor por dentro. Pero lo cierto es que nuestra empatía puede hacer que nuestra actitud hacia ellos cambie. Y es que tradicionalmente hemos basado nuestro trato a los animales en granjas, laboratorios, ocio, etc. en una concepción anticuada: que los animales tienen una vida interior pobre en emociones.
Una ciencia joven se está desarrollando. Se está avanzando cada vez más en el conocimiento de nuestros compañeros, los animales. La colaboración entre filósofos, teólogos y científicos es un hecho actual, y los autores defienden que el estudio de la moral debe ser objeto de esta alianza, y no algo exclusivo de uno de los bandos.
Terminamos la lectura del libro con esta pregunta y su respuesta:
¿Tienen los animales algo parecido a una inteligencia moral? La respuesta es sí.
Si os animáis a leerlo, espero que os guste y os guíe en vuestro interés por conocer mejor a los animales y por conseguir un mayor respeto hacia los mismos.