martes, 27 de marzo de 2012

Sobre el nicho ecológico: observando una abubilla

Sabemos que el ecosistema está repleto de formas vivientes de diversa índole. Pero centrémonos en un habitante del mismo, como, por ejemplo, la abubilla. ¿Qué es una abubilla? Uno no puede olvidar fácilmente a este ave cuando se observa esta en el campo, puesto que es un animal muy colorido y llamativo. Por ello, la abubilla va a servirnos como  atractivo ejemplo para indagar en el concepto de nicho ecológico.

Imaginemos lo siguiente: disponiendo de unos buenos prismáticos, algo de tiempo libre y grandes dosis de paciencia e interés por la naturaleza, acudimos al campo una mañana de fin de semana,con la intención de realizar unas observaciones del entorno natural. Una vez allí, comenzamos a observar la que hace una abubilla en una huerto de frutales cercano a nosotros. Supongamos que, con nuestra mayor o menor pericia como observadores de la naturaleza, acompañada de algo de fortuna, conseguimos captar fielmente, a lo largo del tiempo que dura nuestra observación, algunos de los detalles más íntimos de la vida de este pájaro.

Una de las primeras impresiones que nos llevamos de la abubilla es que su vida más bien transcurre de forma apacible a lo largo del día. Es una vida solitaria. El ave disfruta durante gran parte de la jornada volando de un lado a otro de las parcelas que, se supone, son su área de campeo, su "barrio", en el sentido figurado de la expresión. Nos llama la atención la tendencia de este ave a permanecer posada sobre las copas de los árboles frutales del campo en el que estamos, sin dejarse ver apenas en otras parcelas contiguas. La abubilla demuestra ciertas preferencias en lo que respecta a su territorio. De esta manera vamos conociendo mejor las manías de este animal.

Se pueden averiguar muchas más cosas sobre la abubilla. Pese a la gran cantidad de naranjos, olivos y arbustos que hay en las parcelas, nuestra crestada amiga no osa posarse en las ramas de los mismos para comer. No vemos a la abubilla picotear la corteza de las naranjas o arrancar de su pecíolo las redondas y jugosas aceitunas. Tampoco la vemos comer las hojas de los árboles y los arbustos. Pero lo que sí podemos comprobar, al cabo de un rato, es que nuestra abubilla, de vez en cuando, aterriza súbitamente en un claro del huerto, e inmediatamente se dispone a buscar algo. Camina por el suelo lentamente, dando cortitos pasos. Mira hacia abajo, como si  se tratara de un despistado viandante que acabara de extraviar una moneda en el suelo. Cuando la abubilla da un repentino picotazo en una zona del suelo y le vemos engullir un pequeño bultito oscuro, nuestras suposiciones rápidamente toman forma: ¡está alimentándose! Su gourmet parece estar basado en pequeños bichitos que viven en el suelo. De todas maneras, la abubilla no se conforma con cualquier cosa. Si pudiésemos ver de cerca las presas del anaranjado pájaro, comprobaríamos, no sin cierta admiración, que hasta las abubillas tienen sus preferencias gastronómicas, y que no se conforman con cualquier bocado. Una vez más, la abubilla demuestra cierta habilidad para seleccionar lo que le interesa, en este caso en lo que respecta a la comida.

Ya sabemos algunas cosas sobre la vida de la abubilla. Sabemos por dónde deambula, cómo se alimenta y de qué se alimenta. Pero aún hay más cosas que hacer en la vida si se es una abubilla.  De todas las ramas de todos los árboles y arbustos que hay en el barrio de la abubilla, podemos comprobar que tan sólo utiliza algunas de ellas como percha donde posarse. Son éstas ramas que, por su grosor, su orientación en la parcela, su altura o su discreción, son seleccionadas por la abubilla de una manera mucho más selecta de lo que cualquier ciudadano de a pie, indiferente a los secretos de esta criatura, podría esperar. Los tejados de algunas casetas de campo también le sirven de firme y noble apoyo a la abubilla, la cual no duda en dejarse caer sobre las viejas techadas cuando no hay presencia humana cerca que altere su tranquilidad.

La abubilla vive así, en estos lugares, en estos hábitats, y también en otros diferentes, En cambio, existen algunos sitios en el mundo donde la abubilla nunca viviría. Si buscáramos abubillas en algunos de estos lugares probablemente nunca encontráramos ninguna. De cualquier manera, el hábitat de una especie suele ser siempre más diverso de lo que en principio parece. Una criatura viva puede habitar en más sitios de los que a priori creemos, su rango de hábitats puede ser, en muchas ocasiones, más amplio de lo esperado.

La abubilla no vive sola en los campos. Vive en comunidad, junto a sus demás compañeros de pelo y pluma.  Y es sabido por todos que, en una comunidad de vecinos, nadie puede pasar totalmente desapercibido. De hecho, existen otras simpáticas criaturas que compartirán con la abubilla el mismo oficio. Las currucas, por ejemplo, aun siendo aves más pequeñas que nuestra crestada y mediana protagonista y viviendo en lugares diferentes del campo, pertenecen al mismo gremio que ella. Y es que las currucas son, como la abubilla, aves insectívoras. Los murciélagos, sin ser aves como la abubilla o las currucas, comparten con estas el mismo gremio.

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