domingo, 17 de junio de 2012

Sobre las lechuzas


Apareció de repente, frente a la luna delantera del coche en el que viajábamos. Las luces de los potentes faros delanteros impactaron sobre su siniestra figura, en medio de la penumbra que precedía al inminente amanecer. En ese momento, el resplandor de la luna se reflejaba en la lisa superficie de las parcelas de arroz anegadas de agua. Los inquietantes destellos se dejaban ver por las ventanas laterales cuando algún claro entre la vegetación  de los bordes del camino lo permitía.


Acabábamos de iniciar una conversación sobre rapaces nocturnas. Y, como suele suceder en diversas ocasiones a lo largo de la vida del naturalista aficionado, el azar propició una fabulosa coincidencia. En el camino sin asfaltar que nos conducía, a las seis de la madrugada, a la reserva natural del Tancat de la Pipa, que ya se encontraba a un kilómetro escaso de donde estábamos, la vimos. Vimos la blanca silueta de una ave de mediano tamaño. Sus contornos, más bien redondeados en comparación con las formas de la gran mayoría de las aves que habitualmente podían encontrarse en aquel entorno palustre y húmedo que era el arrozal de la Albufera, así como su compacta y roma cabeza, propiciaban a la dama nocturna un aspecto fantasmagórico. Su vuelo boyante y lento me concedió, durante la brevedad del momento en que duró su incursión a través del camino, un regocijo difícil de olvidar.
La dama blanca de la noche es mi ave preferida, y se resiste a mostrarse ante mis ojos. Pero yo no desisto nunca, y siempre termino viéndola, tarde o temprano, pasen días, meses o años. Aunque sólo sea durante un instante. 

La lechuza común: su posición en el reino Animal

La lechuza común es aun ave carismática. No es sólo su aspecto lo que le concede ese carisma. Su modo de vida, las circunstancias en que se desenvuelve su existencia, aportan gran parte de las peculiaridades de este animal. Perteneciente al mismo grupo que los búhos, los mochuelos y otras aves rapaces nocturnas, la lechuza ostenta, sin embargo, un puesto exclusivo en la clasificación de estas aves. Trataré de explicar esto de manera sencilla a continuación.

Dentro del grupo de las rapaces nocturnas (el orden de los Estrigiformes), la familia a la que pertenece la lechuza común y otras lechuzas no es la misma familia que aquella que integran los búhos y el resto de rapaces nocturnas. Si bien es indudable la semejanza entre búhos y lechuzas en muchos aspectos, también es cierto que existe, especialmente a ojos del experto, una serie de rasgos anatómicos distintivos entre ambos grupos. Por tanto, las lechuzas son rapaces nocturnas, si bien no son búhos.

Las lechuzas y los búhos son considerados todos ellos como aves rapaces. Las garras aceradas, los ojos frontales, unas patas poderosas, el pico ganchudo, medianas y grandes dimensiones corporales etc. son algunos de los atributos dignos de ser portados por criaturas depredadoras. Águilas, azores, buitres, halcones, ratoneros, milanos y muchos otros llevan con honor el título de rapaces por excelencia. Ellas son las aves rapaces diurnas, y como tal, disponen de todas estas características citadas. Así, lo más lógico para el profano que se pregunte cosas acerca de estas criaturas puede ser pensar que aves rapaces diurnas y nocturnas formen parte de un mismo grupo zoológico: el de las aves rapaces, unas viviendo de día, y otras haciéndolo de noche.  Pero lo cierto es que las rapaces diurnas y las rapaces nocturnas no están emparentadas. Ambos grupos están separados evolutivamente. Ni las rapaces nocturnas surgieron a partir de una rapaz diurna, ni las rapaces diurnas son vástagos de un ancestro nocturno. Tampoco parece haber existido un ancestro común para ambos grupos. El fenómeno de la convergencia evolutiva ha brindado a este mundo estas dos maravillosas formas vivas de depredación, que se ganan el sustento mediante métodos y herramientas que, aparentemente resultan idénticos, pero que, en realidad, guardan ciertas distancias entre las dos formas. 

Aspecto general de las lechuzas comunes

La lechuza es blanca. Esa es la primera impresión que uno tiene de este ave cuando la ve. Es un ave con el plumaje muy blanco, sobre todo por sus partes inferiores, si bien el dorso es más bien de unos tonos grises y pardo-dorados. siendo esta intensidad variable entre individuos y mayor en el caso de las hembras. Un pájaro de considerables dimensiones, que posee un vistoso plumaje blanco y vive en la oscuridad de la noche es, como poco, inquietante. No poco se ha debatido en el mundo ornitológico acerca de la causa biológica de la blanca librea de este ave. ¿Cuánta gente habrase cruzado con una lechuza en sus paseos nocturnos y habrá pensado, en su ignorancia, que ha visto una extraña y gran paloma, algún tipo de gaviota trasnochadora, u otro tipo desconocido de ave?

Al parecer, una hipótesis bastante potente para explicar el asunto de la blancura de la lechuza es la que propone unos hábitos rupestres primitivos. Podrían las lechuzas disponer de sus claros colores para integrar su figura en un paisaje dominado por las blancas paredes de roca calcárea de las cuevas o de los taludes rocosos. De hecho, la costumbre de convivir con el hombre en ambientes agrícolas, aprovechando las edificaciones que este levanta, parece guardar relación con un modo de vida adaptado al uso de oquedades y rincones de paredes y grutas naturales.

Beneficios para el ser humano

Junto a la circunstancia de la vivienda está el beneficio de la alimentación. Las labores agrícolas humanas son una fuente de presas potenciales para la lechuza. Incansable perseguidora de pequeñas alimañas, la lechuza ejerce, en las inmediaciones de las poblaciones humanas, una acción rodenticida de considerable nivel. Pueden alcanzarse, de hecho, cifras impresionantes en el número de presas (ratones, topillos, etc.) capturadas por lechuzas durante la época de cría, momento en que necesitan mucho alimento, así como "fardar" delante de la pareja. Los machos han de demostrar su amor a las compañeras mediante la acumulación en el nido de ingentes cantidades de roedores. ¡Muy romántico por su parte!

Los sonidos de la lechuza

Muchas aves cantan. Emiten reclamos y vocalizaciones de variopintas funciones que comprenden desde el territorialismo hasta el cortejo nupcial, incluyéndose otras finalidades también importantes como el reconocimiento de la propia especie.

La lechuza común no es menos en este sentido, y también posee su propio acervo de sonidos. Teniendo en cuenta los hábitos nocturnos de esta especie es fácil aceptar que comunicarse mediante sonidos con los suyos en un mundo de sombras puede resultar algo indispensable a las lechuzas. Pues bien, las vocalizaciones de la lechuza común pueden resultar verdaderamente aterradores para el ser humano en determinadas circunstancias. Y es que, gran parte de los sonidos emitidos por las lechuzas hembras, que son las más activas en este aspecto, consisten en chillidos ronroneantes y prolongados. La voz de alarma de un ejemplar adulto durante la época de cría me hizo salir corriendo del lugar donde estaba, en una ocasión en que quise acercarme a inspeccionar la pared de mi apartamento de verano en un agujero de la cual se había hospedado una pareja de lechuzas para criar. Un grito agudo y estridente puede desencadenar la huida del ser más racional en un brevísimo instante. Los ejemplares juveniles que aún no han salido del nido no son una excepción. Ellos también son capaces de emitir un sonido suplicante, ronco y sibilante, con el que solicitar los cuidados de sus padres. También son capaces de emular el bufido de un ofidio en cuanto se sienten amenazados en su propia guarida. 


Superstición y lechuzas


Todos los aspectos comentados, unidos, han 
generado en torno a la figura de la lechuza un áurea de temor y superstición que ha supuesto la condena y la persecución secular de la lechuza por parte de las sociedades humanas. Aunque duela al amante de estos seres se puede llegar a entender el odio y las supersticiones que engendraría en muchos lugareños de las zonas rurales observar una figura pálida, blanca en la noche, vertical, con unos ojos negros observándonos de frente, casi humanos, en una cabeza grande, redonda y móvil. Una figura pálida posada sobre los tejados y las tapias de un silencioso camposanto mientras emite un diabólico ronquido en medio de la quietud y la penumbra.

La observación de las lechuzas

Observar aves nocturnas no es fácil, aunque tampoco es una meta inalcanzable. Eso sí: es necesaria cierta dosis de paciencia y unas pequeñas nociones sobre la forma de estos animales y sus hábitos de vida.

En primer lugar hace falta conocer en qué épocas del año se pueden observar. También será imprescindible saber cuáles son los hábitats de estas aves. Finalmente habrá que averiguar durante qué momento del día será posible avistarlas.

La lechuza común es un ave sedentaria en nuestro territorio,si bien existe constatación de casos de ejemplares invernantes en paso migratorio procedentes del centro y del norte de Europa que pueden usar como cuarteles de invernada o áreas de descanso nuestros campos. Es por este motivo por el cual resulta más fácil encontrar alguna lechuza durante el invierno.

Como ya se explicó anteriormente, la lechuza es un ave rapaz ligada a ambientes rurales antropizados en los que haya disponibilidad de alimento (roedores, etc) y refugios en forma de edificaciones (tapias, casas abandonadas, ruinas, granjas, etc.). Estudios monográficos, es decir, que se ocupan exclusivamente de una sola especie, afirman que un medio tipo "bocage" - campo abierto con alternancia de setos y árboles sueltos que den cobijo a las presas - es el mejor hábitat para las lechuzas.

En lo tocante al momento del día, resulta evidente que el crepúsculo es el mejor intervalo de tiempo para observar a la lechuza, pues se conoce que el pico de actividad depredadora del ave se da a esas horas del día.

Escuchar a las lechuzas es, también, más fácil a esas horas crepusculares, si bien se pueden escuchar las vocalizaciones bien entrada la noche. Pero estos sonidos, al igual que los avistamientos, son más perceptibles y frecuentes durante la época del celo y la cría, que en nuestra región se producen en torno a los meses de marzo, abril, mayo y junio.

Algunas claves del comportamiento de la lechuza, así como de su morfología, que nos pueden ayudar a identificarla, son los siguientes:

- Silueta característica y diferente a la de otras aves más comunes, como es el caso de muchas aves diurnas, tanto rapaces como las pertenecientes a otros grupos
- Tamaño mediano
- Cabeza rechoncha, sin estrecheces como el cuello o el pico
- Tendencia a posarse en "posaderos" u oteaderos (señales de tráfico, postes, tejados, cables, etc)
- Vuelo boyante, suave
- Alas relativamente anchas, pero también muy alargadas
- Patas colgantes, suspendidas en el aire, cuando vuela
- Patas apreciables mientras está posada: son relativamente largas
- Color blanquecino, pálido al contacto con la luz de los focos del vehículo

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