El mundo animal está salpicado de numerosísimas adaptaciones maravillosas al medio externo de los organismos que nos recuerdan lo complejo del mecanismo de evolución orgánica. En esta entrada quiero citar una adpatación a las elevadas temperaturas tropicales que sufren los mamíferos de las regiones orientales del continente africano. Concretamente me voy a referir a un par de curiosas adaptaciones fisiológicas de los oryx.
El primer mecanismo consiste en evitar una pérdida excesiva de agua en estos artiodáctilos de la familia de los orícidos. En las condiciones de sequía y aridez que reinan en el hábitat del oryx la retención del agua corporal se hace un requisito obligatorio para la supervivencia. El metabolismo de los oryx condiciona un aumento elevado de la temperatura corporal del animal, con lo que este está más caliente incluso que el aire circundante, también a elevadas temperaturas. Este mecanismo, por pura termodinámica, impide que se produzca transferencia de calor desde el medio externo hasta el cuerpo del oryx. Además, el metabolismo elevado permite al oryx lo contrario, le permite expulsar calor al medio, aún siendo las temperaturas tan altas.
El segundo mecanismo a considerar tiene que ver con el peligro que supone elevar demasiado la temperatura en ciertos órganos como el cerebro. Un aumento excesivo de la temperatura cefálica podría tener fatales consecuencias en el animal. Por ello, la sangre ascendente hacia la cabeza que discurre por la arteria carótida, pasa cerca de una red vascular procedente del hocico del oryx. La sangre procedente de la región del hocico está a menor temperatura, pues ha podido refrigerarse en la amplia superficie expuesta que supone disponer de un apéndice como es el hocico de los mamíferos. Cuando la sangre de la arteria carótida discurre junto a la sangre procedente de las venas del hocico, la primera experimenta una disminución de temperatura que pone a salvo el funcionamiento correcto de los órganos cefálicos.
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